Bad Bunny transformó la cancha del Levi’s Stadium en una celebración de la cultura puertorriqueña durante el medio tiempo del Super Bowl LX. En un espectáculo cargado de referencias identitarias, música y baile, también hubo espacio para un objeto inesperado: una pick-up clásica con platón que funcionó como escenario improvisado y que rápidamente llamó la atención por su carga simbólica.
A diferencia de otros espectáculos dominados por autos exóticos o elementos futuristas, la presentación de Bad Bunny apenas incluyó vehículos en escena, más allá de una Ford F-100 que acompañó parte de la puesta en escena. Todo indica que el modelo utilizado corresponde a una F-100 de 1970, fácilmente reconocible por su parrilla frontal dividida y líneas cuadradas.

Esta camioneta con platón pertenece a la quinta generación de la Ford F-Series, producida entre 1966 y 1972. Aunque mantenía la plataforma de la generación previa, introdujo cambios importantes como una cabina más amplia, vidrios de mayor tamaño y un diseño más recto y funcional, además de una gama más amplia de opciones mecánicas pensadas para trabajo pesado.
Durante su ciclo de vida, la quinta generación ofreció distintos niveles de equipamiento. Inicialmente existían las versiones Base y Custom Cab, que en 1970 pasaron a denominarse Custom y Custom Sport. A estas se sumó el nivel Ranger, que hacia el final de la producción evolucionó al Ranger XLT, con un enfoque ligeramente más orientado a la comodidad sin perder su carácter utilitario.
La Ford F-100 tuvo un impacto profundo en toda la región. En Estados Unidos se produjo entre 1966 y 1972, mientras que en México fue una camioneta ampliamente conocida y utilizada. En Brasil, su producción se extendió hasta 1992, y en Argentina se volvió un verdadero ícono bajo el apodo de “Punta de diamante”, gracias a la moldura lateral que recorría toda la carrocería.

En Puerto Rico, la F-100 ocupa un lugar especial. Su chasis robusto, suspensión resistente y la disponibilidad de motores de seis y ocho cilindros la convirtieron en una herramienta clave para la agricultura, la construcción y el transporte. Su reputación de durabilidad la convirtió en parte de la vida cotidiana durante décadas, ganándose un estatus de camioneta confiable y difícil de romper.
Por eso, la elección de una Ford F-100 1970 sobre un auto de lujo no fue casual. En el contexto del espectáculo, esta pick-up representó trabajo, resistencia y memoria colectiva. Por ello, la F-100 sigue siendo un símbolo cultural que conecta a muchos países de América.