El incremento constante en el precio de la gasolina sigue impactando las finanzas de los conductores colombianos, lo que ha impulsado la movilidad eléctrica como una alternativa de ahorro cada vez más relevante.
En este contexto, JMC y JMEV, representadas en Colombia por Astara, señalan que los vehículos eléctricos pueden reducir significativamente los costos operativos frente a los modelos impulsados por combustibles fósiles, convirtiéndose en una opción cada vez más atractiva para quienes buscan optimizar sus gastos de transporte.
Según la compañía, el precio promedio nacional del galón de gasolina corriente en las principales ciudades del país está en torno a los $15.850, lo que representa un desembolso semanal de entre $50.763 y $84.600 para recorrer alrededor de 200 kilómetros, sin considerar gastos adicionales de mantenimiento asociados a los vehículos de combustión interna.
“El costo por kilómetro operativo en vehículos eléctricos oscila entre los 60 y 80 pesos, dependiendo del valor del kWh de energía y del tipo de carga utilizada. Esto representa un ahorro de entre el 70 % y el 80 % frente a un vehículo a gasolina. Estamos ofreciendo una oportunidad para que la movilidad deje de ser un gasto para convertirse en una inversión mucho más eficiente para los usuarios”, señala Noel Ardila, gerente general de JMC en Colombia.

La diferencia depende del consumo de combustible de cada vehículo, así como de las tarifas de energía eléctrica y del tipo de carga utilizada.
De acuerdo con la marca, los beneficios no se limitan al consumo energético. Los propietarios de vehículos eléctricos también pueden acceder a ventajas regulatorias, como la circulación sin restricciones de pico y placa y la exención de jornadas de día sin carro, factores que contribuyen a una mayor disponibilidad del vehículo y a una mejor productividad en el uso diario.
JMC también destaca que sus modelos cuentan con garantías de hasta ocho años y el respaldo de una red de servicios posventa establecida en el país. A esto se suma una reducción en los costos de mantenimiento preventivo, al eliminar o disminuir la necesidad de intervenciones frecuentes relacionadas con elementos como aceites, filtros y otros componentes propios de los motores de combustión.