La industria del transporte de carga en Estados Unidos enfrenta una creciente presión ante el aumento histórico en los precios del diésel, impulsados por las tensiones geopolíticas derivadas del conflicto entre Estados Unidos e Irán, lo que afecta el flujo energético global a través del estratégico Estrecho de Ormuz.
El impacto ha sido inmediato: el precio promedio en EE. UU. del diésel alcanzó los 5,52 dólares por galón, superando el máximo histórico registrado tras la invasión rusa de Ucrania. Como referencia, el precio actual del diésel en Colombia está en torno a los $11.080 el galón, que equivale a 3,06 dólares.
Desde el inicio de las actuales tensiones, el combustible ha aumentado cerca de un 50 %, convirtiéndose en el segundo mayor gasto operativo para los más de tres millones de transportadores que sostienen la cadena de suministro del país.
Este incremento no solo eleva los costos logísticos, sino que también amenaza con debilitar la demanda de carga. Empresas como FedEx han advertido que el encarecimiento del combustible podría afectar su desempeño financiero si los clientes reducen envíos para contener gastos.
El transporte por carretera, considerado un termómetro clave de la economía estadounidense, movilizó 11.300 millones de toneladas en 2024 y generó ingresos por 906.000 millones de dólares, según la American Trucking Associations. Sin embargo, el actual entorno amenaza con alterar este equilibrio.

Las pequeñas empresas son las más vulnerables, pues de acuerdo con la consultora de análisis DAT Freight & Analytics, el 18 % de los transportadores encuestados ha detenido operaciones por el alza del combustible, mientras que cerca de la mitad ha reducido kilómetros recorridos o ha limitado el peso de sus cargas para mantener la viabilidad financiera.
La estructura del sector explica esta fragilidad: más del 90 % de las casi 580.000 empresas transportadoras en Estados Unidos operan con 10 camiones o menos. A diferencia de las grandes flotas, estos operadores carecen de poder de negociación para obtener descuentos en combustible o trasladar costos a los clientes mediante recargos.
Casos de operadores independientes reflejan la magnitud del problema. En estados como California y Texas, los precios han alcanzado máximos históricos, llegando incluso a los 8 dólares por galón en algunas zonas, lo que erosiona rápidamente los márgenes de ganancia.

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A nivel macroeconómico, el encarecimiento del diésel podría traducirse en mayores tarifas de flete y, eventualmente, en incrementos en el precio de bienes de consumo. Aunque el transporte representa una fracción del costo total, puede superar el 20 % en productos básicos como alimentos, amplificando su impacto en la inflación.
Además, la falta de estabilidad en el conflicto y la fragilidad de un posible alto al fuego elevan el riesgo de nuevas alzas. Expertos advierten que un bloqueo total del Estrecho de Ormuz agravaría aún más las disrupciones en el suministro global de energía.
En este contexto, la industria del transporte se enfrenta a un escenario incierto, donde la combinación de costos elevados, demanda volátil y tensiones geopolíticas podría redefinir su estructura en el corto plazo, con especial presión sobre los actores más pequeños del mercado.