Audi enfrenta críticas en Alemania luego de que su director ejecutivo, Gernot Döllner, compartiera escenario con Donald Trump durante un mitin electoral en Georgia, donde anunció los planes para construir una nueva planta automotriz con una inversión de 4.000 millones de dólares.
El proyecto contempla una capacidad de producción de 200.000 vehículos al año y la creación de unos 4.500 empleos; sin embargo, la inversión todavía necesita la aprobación del consejo de supervisión de Volkswagen, grupo al que pertenece Audi. La inversión aún necesita la aprobación del consejo de supervisión de Volkswagen, por lo que el proyecto no puede considerarse definitivo.
La controversia surgió porque el anuncio se realizó durante un acto político previo a las elecciones mitad de mandato estadounidenses del 3 de noviembre. Christiane Benner, presidenta de IG Metall y vicepresidenta del consejo de supervisión de Volkswagen, cuestionó la participación Döllner al argumentar que se incumplían las reglas internas de neutralidad política de la compañía.
El código de conducta de Audi establece que sus representantes no deben participar públicamente en actos con partidos o políticos candidatos durante los tres meses previos a una elección. No obstante, una fuente cercana al asunto aseguró que la dirección de Audi había autorizado una excepción antes de la aparición del directivo.

Audi defendió su decisión al señalar que su delegación viajó a Georgia para avanzar en las negociaciones y aceptó la invitación para presentar el proyecto en el marco de las negociaciones comerciales. Döllner también argumentó que asistir respondía al respeto hacia la presidencia estadounidense y el país donde la compañía pretende invertir.
La planta permitiría a Audi producir vehículos en Estados Unidos, reducir el impacto de los aranceles estadounidenses sobre los vehículos importados y fortalecer su presencia en uno de sus mercados estratégicos. Según la información difundida, entre los modelos contemplados para el complejo estarían los SUV Q7, Q8 y Q9, con inicio de producción previsto para 2031.
En todo caso, elmáximo directivo de Audi el directivo defendió su participación al afirmar que actuó en interés de Audi, pero también reconoció que la forma en que se hizo el anuncio se interpretó como una señal política y que la empresa se toma esa percepción en serio.
El problema es que Volkswagen atraviesa una reestructuración que contempla recortes de costos y alrededor de 100.000 empleos, mientras sus operaciones en China enfrentan dificultades y sus fábricas alemanas buscan reducir su capacidad.
Olaf Lies, presidente del Gobierno de Baja Sajonia, uno de los principales accionistas de Volkswagen, advirtió que el crecimiento estadounidense debe beneficiar también a los trabajadores alemanes.
En ese contexto, la inversión plantea un dilema para Audi: producir localmente puede mejorar su competitividad en Estados Unidos, pero anunciarlo en un mitin electoral convirtió una decisión industrial en una controversia política y laboral.