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Cuatro ciudades colombianas están entre las más congestionadas del mundo

Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla estuvieron entre las 20 ciudades más congestionadas del mundo, según el TomTom Traffic Index 2025. Expertos plantean cinco claves para mejorar la planificación de la infraestructura vial.

Cuatro ciudades colombianas están entre las más congestionadas del mundo

La congestión vehicular sigue siendo uno de los principales problemas de movilidad en Colombia. Así lo reflejan los resultados del TomTom Traffic Index 2025, que ubicó a Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla entre las 20 ciudades con mayores niveles de congestión a nivel global. Cartagena también presentó una situación significativa, aunque quedó por fuera de ese grupo.

Bogotá registró un nivel de congestión alto, lo que significa que los tiempos de viaje son, en promedio, 69,6 % mayores frente a condiciones de tráfico fluido. En Medellín, el indicador llegó a 66,9 %, mientras que Cali alcanzó 65,6 % y Barranquilla, 62,8 %. Cartagena, por su parte, presentó un nivel de 57,7 % y se ubica en el puesto 38.

Para Patricio Zapata, Customer Success Manager LATAM de Graphisoft, estos resultados evidencian que el problema no puede abordarse de manera aislada en cada ciudad. A su juicio, el crecimiento urbano y los cambios en las formas de movilidad obligan a replantear la manera en que se diseñan y ejecutan los proyectos viales.

La propuesta parte de utilizar más información durante las etapas iniciales de cada obra, con el propósito de anticipar su funcionamiento y detectar posibles dificultades antes de llegar a la etapa de construcción.

Claves para mejorar la planeación vial 

A partir de este diagnóstico, el especialista plantea cinco cambios para mejorar la manera en que se planifican y ejecutan las obras viales. 

Uno de los puntos centrales es integrar la información desde el comienzo del proyecto. El uso de un modelo digital común permitiría coordinar las diferentes áreas involucradas en el diseño, la ingeniería y la construcción, además de identificar interferencias con anticipación. Esto reduciría los problemas derivados de información incompleta o de una falta de coordinación entre disciplinas.

A esto se suma la posibilidad de simular las intervenciones antes de construirlas. La combinación de datos de tránsito, proyecciones de crecimiento urbano y modelos digitales permitiría analizar diferentes escenarios, comparar alternativas y estimar cómo podría comportarse una determinada solución antes de comprometer grandes inversiones.

La digitalización también puede contribuir a detectar errores antes de que generen sobrecostos. Una mayor coordinación entre las distintas especialidades permite detectar incompatibilidades y resolverlas en las primeras etapas, disminuyendo el riesgo de reprocesos, modificaciones y retrasos cuando las obras ya están en ejecución.

Otro aspecto señalado por el especialista es la necesidad de planificar pensando en el crecimiento de las ciudades. La infraestructura no debería diseñarse únicamente para atender las condiciones actuales, sino considerar la evolución de la movilidad y el desarrollo urbano. Esto implica integrar dentro de una misma planificación al transporte público, los vehículos particulares, peatones, ciclistas y el espacio público.

Finalmente, la transformación requiere fortalecer el talento digital del sector. Ingenieros, arquitectos y gestores de proyectos necesitan desarrollar competencias para trabajar con metodologías BIM, administrar información y coordinar equipos multidisciplinarios. La formación en estas herramientas permitiría aprovechar mejor sus capacidades y aprovechar sus beneficios en los proyectos de infraestructura.

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