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Rolls-Royce Black Badge cumple 10 años: historia del lado más oscuro del lujo británico

La gama más oscura de la marca conmemora una década de existencia, pero sus orígenes se remontan mucho más atrás. No es un simple acabado negro, porque abarca muchos detalles en cada modelo.

Rolls-Royce Black Badge cumple 10 años: historia del lado más oscuro del lujo británico

Se dice que los autos de color negro transmiten (especialmente en el segmento del lujo) la sensación de poder y sofisticación, tal como se aprecia al ver una caravana presidencial, como es el caso de Estados Unidos, liderada por el Cadillac One, la limusina asignada al presidente de Estados Unidos. Pues bien, resulta que Rolls-Royce celebra por estos días el décimo aniversario de su gama Black Badge, que ha tenido una excelente aceptación en una nueva generación de clientes, que antes no la habían considerado.

Adentrándonos en los orígenes

Dentro de la rica historia de la casa británica, los precedentes los encontramos en el Rolls-Royce 20 hp Brewster Broughman de 1928, cuyas audaces especificaciones se anticiparon a la estética Black Badge por casi un siglo. Su Espíritu del Éxtasis y la parrilla del radiador estaban acabados en negro, en lugar del tradicional metal brillante.

Este tratamiento se considera excepcional en una época en que el cromo pulido simbolizaba modernidad y prestigio. Aunque estos ejemplos fueron excepcionales en su época, anticipaban una tendencia que Rolls-Royce formalizaría décadas después.

Tenemos que remontarnos a 1964 para encontrar el auténtico espíritu Black Badge. Ese año, John Lennon líder de la banda británica The Beatles, encargó un Rolls-Royce Phantom V a RS Mead de Maidenhead. Especificó que debía ser negro por todas partes, por dentro y por fuera, incluyendo todos los detalles brillantes normalmente acabados en cromo o acero inoxidable. Construido por los carroceros Mulliner Park Ward, su Phantom V se entregó en negro intenso brillante, incluyendo sus parachoques y rines. Solo la parrilla Pantheon y el Spirit of Ecstasy permanecieron cromados. El auto también contaba con vidrios Triplex Deeplight oscurecidos y reflectantes en las puertas traseras, las luces estacionarias, la luz trasera y la división.

El renacer de la mano de una nueva generación de clientes con nuevos gustos y la respuesta de Rolls-Royce

Se necesitó más de medio siglo y una revolución tecnológica para que esta estética resurgiera como la expresión definitiva de la rebelión en el lujo. A principios de la década de 2010, una nueva generación de emprendedores comenzó a acercarse a Rolls-Royce. Sus gustos definieron nuevos códigos de lujo: una estética más oscura, un carácter más asertivo y un diseño más audaz.

Crear una respuesta oficialmente orientada para este grupo fue objeto de un cuidadoso debate interno. Requirió que la marca creara un espacio dedicado dentro de sí misma para una expresión más audaz de Rolls-Royce, una que pudiera coexistir con su identidad contemporánea, de inspiración clásica y mundialmente celebrada. El resultado fue Black Badge.

Esta gama introdujo nuevos colores vivos y materiales técnicos, que hacían juego con un carácter dinámico más potente, ágil y sonoro, adaptado a los conductores que querían conducir ellos mismos el vehículo, en lugar de ser conducidos.

Los diseñadores del fabricante crearon un tratamiento exclusivo: uno de los negros más oscuros de la industria automotriz. Para crearlo, se atomizaron 45 kg (100 libras) de pintura y se aplicaron a una carrocería en blanco cargada electrostáticamente antes de secarla en horno. Luego, el automóvil recibió dos capas de barniz transparente antes de ser pulido a mano por cuatro artesanos para producir el acabado de piano de alto brillo característico de la marca.

Con una duración de entre tres y cinco horas, esta operación era completamente desconocida en la producción en serie, creando una intensidad única e inigualable. Esta profunda oscuridad también proporcionó el lienzo perfecto para una línea decorativa en la carrocería brillante, de alto contraste y pintada a mano. En forma paralela, los de la división Bespoke desarrollaron un proceso que permite presentar en negro elementos distintivos de Rolls-Royce, como el pulido Spirit of Ecstasy y la parrilla Pantheon.

Los rines Black Badge, especialmente diseñados, realzaron la presencia del vehículo, aportando un carácter dinámico más intenso. Esto fue posible gracias a una puesta a punto del motor a medida que aumentó la potencia y el torque del motor insignia de la marca. Se introdujeron calibraciones únicas de la transmisión y el acelerador para aprovechar mejor esta mayor potencia; asimismo se bajó, reforzó y endureció sutilmente el chasis, y se instaló un sistema de escape distintivo que anunció la llegada del Black Badge.

En el interior, se desarrollaron nuevos materiales que reflejaban el dinamismo mejorado de los modelos Black Badge, basándose en paletas técnicas del mundo aeroespacial. Los artesanos de Rolls-Royce exploraron superficies como la fibra de carbono a través de una lente completamente nueva, celebrando su intrincado tejido como fuente de belleza en lugar de función. Las superficies metálicas con acabado espejo también se oscurecieron, siguiendo la estética Black Badge.

Cuando los clientes experimentaron los automóviles por primera vez, su respuesta fue enfática: la marca había capturado perfectamente el espíritu que estas personas deseaban proyectar al aplicar su enfoque inflexible a la artesanía con una nueva y audaz filosofía estética.

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