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Dodge Charger Hellcat Widebody, prueba de manejo a un sedán agresivo y potente

Un sedán a la americana que echa mano de un V8 supercargado para entregar aceleraciones de súper deportivo

Dodge Charger Hellcat Widebody, prueba de manejo a un sedán agresivo y potente

Hay fórmulas que parecen eternas, que, aunque el tiempo transcurra, basta con una pequeña actualización para seguir siendo exitosas.

La Coca-Cola por ejemplo, un éxito desde mucho antes que yo tenga memoria y cuando las tendencias sobre consumir menos azúcar llegaron, bastó con lanzar una Coca light, que si el endulzante no sabe igual, vino la Zero. No pienso entrar en debates sobre si es o no saludable, solo estoy diciendo que es sinónimo de una fórmula de éxito, y que con muy pocas variaciones se ha mantenido vigente.

Cuando veo el Charger se me viene a la mente algo similar, toda proporción guardada por supuesto. No es posible en la industria automotriz que un auto se mantenga exitoso con mínimos cambios como la Coca-Cola.

Pero mi punto es que este sedán norteamericano, ha mantenido su fórmula casi inalterada por prácticamente 15 años, la primera vez que manejé uno, por allá de 2006 era V6, los acabados eran infames, pero era tracción trasera y eso le permitía entregar un manejo que un Impala de la época estaba lejos de ofrecer.

El primer Charger que me conquistó llegó al año siguiente, fue el Dodge Charger SRT-8 Super Bee, nunca fui fan de esos rines cromados y los plásticos todavía dejaban mucho que desear, pero ese V8 de 425 hp y las decoraciones de la carrocería, tenían encanto, mucho.

No recuerdo cuántas veces más he manejado el Charger, con los años, los acabados mejoraron y el equipamiento se volvió muy completo. Pero la plataforma sigue siendo básicamente la misma que en 2006 y el motor, sigue siendo un V8 a la americana, claro que Dodge aprendió algunos trucos en el camino y descubrió que la fórmula para mantenerlo vigente radicaba en dotarlo de más y más potencia.

Un súper sedán de 707 hp

Así, llegamos al Charger que hoy nos ocupa, el SRT Hellcat Widebody que lleva bajo el cofre el brutal V8 de 6.2 litros supercargado con 707 hp y 650 hp. Que, para controlar mejor todo ese poder, recibió el wide body kit que ensancha la carrocería en 3.5 pulgadas y con lo cual, es mucho más capaz de poner de manera efectiva la potencia en el piso.

No solo se trata de mayor ancho de vía, la suspensión recibe cambios importantes, para empezar, unos amortiguadores Bilstein 32% más rígidos y barras estabilizadoras más gruesas. Por su parte, el sistema de frenos está firmado por Brembo y es de de 6 y 4 pistones, adelante y atrás respectivamente.

En cuanto a las cifras, el Charger Hellcat Widebody es capaz de lograr números que pensarías, están reservados para deportivos radicales y no para un sedán de 5 metros de largo y dos toneladas de peso. El 0 – 100 km/h se logra en apenas 3.6 segundos, mientras que la velocidad máxima es de 314 km/h.

Pero leer el número no describe ni de cerca la fuerza con la que te pega al asiento una vez que presionas el acelerador hasta el fondo, es un súper sedán y no hay duda de eso. Evidentemente, hacer recuperaciones, incorporaciones y rebases es todo un placer y conforme el rugido del V8 se va mezclando con el agudo zumbido del supercargador, el Charger Hellcat Widebody incrementa la velocidad a ritmos de infarto.

Mejor aún, es que el Charger se siente muy estable y eso te da confianza para seguir acelerando. Es sorprendente lo bien plantado que va en altas velocidades y el control que transmite, es decir; no es solo un auto para rectas y al mismo tiempo conserva esa identidad que le caracteriza. Es un auto muy bronco y si desconectas toda la electrónica, ya sabes ESP y TCS, como buen Hellcat se enllanta, no solo en primera, sino también en segunda, e incluso tercera, es una bestia. Por lo tanto, no es buena idea perderle el respeto.

Probablemente esto que voy a decir no sea de tu agrado, pero el Charger Hellcat Widebody se maneja mejor que el Challenger, brinda mayor sensación de control y créeme que cuando tienes más de setecientos caballos bajo el cofre, eso cuenta. Esa mayor distancia entre ejes, aunque sea poca ayuda.

Interior veterano

Puertas adentro no falta nada, el equipamiento es completo tanto en materia de conectividad, como de confort. Pero los años ya empiezan a reflejarse, no hay clúster digital, head up display o esas consolas minimalistas con muy pocos botones, la cabina del Charger ya luce veterana. Los acentos deportivos como volante en alcántara y asientos deportivos le vienen muy bien.

La funcionalidad eso sí, es buena, los mandos son ergonómicos y el sistema de info – entretenimiento Uconnect es fácil de utilizar. En cuanto a espacio, el Charger tiene de sobra y es que con más de tres metros de distancia entre ejes, no podía ser de otra forma, es inmenso y afortunadamente la banca trasera se ve beneficiada por ello.

Conclusión

El Dodge Charger SRT Hellcat Widebody es de esos autos que te arranca una sonrisa desde que lo enciendes, el sonido del motor es adictivo. Unas cuantas aceleraciones y queda claro que es un deportivo muy serio y aunque se maneja bien y va muy plantado, no deja de tener ese carácter brioso que podría morder si te confías demasiado.

Es cierto, no tiene la sofisticación de los super sedanes alemanes como el BMW M5, coches que ya parecen auténticos robots de todos los avances tecnológicos que tienen. El Charger no pretende ser eso, no lo necesita, tiene una personalidad propia y una fuerza brutal como respaldo. Y como tal, es uno de los mejores sedanes deportivos que encontrarás en el mercado.

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